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[nettime-lat] FW: Los límites del Imperio



------ Mensaje reenviado
De: "geert" <geert@xs4all.nl>
Fecha: Sun, 14 Apr 2002 07:44:51 +1000
Para: "fran ilich" <ilich@de-lete.tv>
Asunto: are you on multitude?



Publicado en:

«Jungle World»
(http://www.nadir.org/nadir/periodika/jungle_world/_2001/19/sub02a.htm)
Nº 19 -2 de mayo de 2001

Los límites del Imperio
Thomas Atzert

El Imperio, como forma de poder soberano más allá de la soberanía del
Estado-nación, como figura paradójica de una acumulación capitalistas
sin fronteras, de una crisis continua y una reconversión permanente:
Toni Negri y Michael Hardt describen el orden global actual menos como
una estructura rígidamente articulada que como una transición histórica.

La discusión crítica adopta una orientación rigurosamente materialista
en la tesis desarrollada en «Imperio», según la cual el Imperio es un
paso, una transición. En tanto que paso, no remite a un fin o a un
estado todavía no alcanzados, esto es, el orden imperial no es una
transición «a algo». El concepto evoca más bien una figura
arquitectónica. En él se asocian fragilidad y estabilidad. Esta
construcción del paso al Imperio podría remitirnos quizás al concepto
esbozado por Walter Benjamin en sus observaciones acerca de los
«Pasajes» de París, que representaban para Benjamin uno de los lugares
paradigmáticos del siglo XIX. Tampoco escapa a Hardt y Negri la
reestructuración del espacio y el tiempo que acarrea el Imperio,
estrechamente vinculada a la consolidación del dominio contra la
insurrección.

La transición imperial se asienta sobre la secuencia y la concatenación
de luchas sociales de liberación en la segunda mitad del siglo XX, esto
es, de las revoluciones anticoloniales en el Tercer Mundo así como de la
revuelta mundial de los movimientos antiautoritarios, a la par que de
las luchas en el ámbito de la reproducción y de resistencia contra la
sociedad fábrica. Hardt y Negri asocian la descripción de esta cesura
histórica a la crítica de una serie de categorías comúnmente empleadas
para designar las relaciones dominantes, ya sea como posfordistas,
neoliberales o poscoloniales. La objeción a estos conceptos estriba en
que de ellos se desprende un pensamiento demasiado centrado en formas de
dominio ya pretéritas y que trata ante todo de constatar su persistencia
presente. Una perspectiva semejante se muestra además cabalmente
retrógrada en la medida en que se encamina a una «defensa» -o, en el
mejor de los casos, una «crítica»- de lo viejo. Asimismo, se muestra
partidaria, en cierta manera como Pierre Bourdieu, del Estado del
bienestar nacional o cree encontrar su referente en el trabajo
asalariado ligado a la gran industria y en los modelos presupuestarios.
Sin embargo, estas relaciones ya no son características hoy en día del
capitalismo globalizado; limitándose a éstas, se corre el peligro de
caer en la añoranza de un reformismo social al que son concomitantes el
resentimiento contra toda desviación y el rechazo de la diferencia.

En cambio, el rasgo distintivo del orden imperial consiste en que éste
expone a la sociedad en su totalidad a la valorización y la explotación
capitalistas. La formación social resultante reestructura un continuo de
producción y reproducción, que Negri y Hardt consideran como una
«subsunción de la sociedad» -y ya no únicamente del trabajo productivo-
bajo el capital. De ésta se desprende un «orden biopolítico», que se
asienta sobre la regulación de la vida y de la población. Este orden se
esfuerza en intensificar el control sobre todos los aspectos de la vida;
pero también se esfuerza en lo contrario: en excluir a todas las
expresiones de la vida del ciclo de valorización, poniendo con ello en
tela de juicio la vida misma.

La soberanía como poder de separar un «dentro» y un «fuera», de
sancionar la inclusión y la exclusión, de «hacer vivir y dejar morir»,
ha roto sus ataduras, en el orden del capitalismo globalizado, con el
Estado-nación. Antes bien, momentos de poder soberano se diseminan en
las instancias y los aparatos del Imperio. Esta diseminación de la
soberanía encuentra su correspondencia en la articulación del espacio
social. En el Imperio, segmentaciones flexibles y entrecruzadas
superponen y desplazan los modernos procedimientos de la discriminación
y la representación, recorriendo su ordenamiento y estructurando nuevas
discriminaciones y exclusiones. La contienda entre el poder imperial y
las fuerzas que le resisten se juega hoy en estos espacios sin límites.

Las modificaciones de lo social han de descubrirse en las formas de la
vida cotidiana y de la resistencia, de la producción y de los conflictos
sociales. La perspectiva que ante estas modificaciones adoptan Hardt y
Negri está regida por la pregunta acerca de las fuerzas que impulsan su
dinámica, insistiendo en la primacía de las luchas sociales con respecto
a las estrategias de dominio. En estas contiendas se muestran los
límites del Imperio. La globalización supone una reacción a la crisis de
la regulación basada en los Estados-nación, es la contrarrevolución de
épocas pasadas.

El envite es la utilización estratégica del Estado moderno, la
organización de la división social del trabajo y, en particular, el
ensamblaje de la producción de conocimientos con el poder imperial. Lo
que en el fordismo todavía podía abordarse como división entre trabajo
intelectual y manual, hoy se presenta radicalmente modificado: el
concepto paradójico de trabajo inmaterial trata de aferrar la nueva
composición del trabajo vivo, los factores cooperativos, comunicativos,
creativos y afectivos de la productividad, a la par que la considerable
socialización del trabajo intelectual. En oposición a la valorización y
la explotación capitalistas entran en escena nuevas fuerzas sociales,
que Hardt y Negri recogen en la expresión «intelectualidad de masas».

A este respecto, las estrategias de dominio apuntan a someter la nueva
composición del trabajo vivo en procesos de producción diseminados en el
espacio, informatizados y automatizados, así como en relaciones
laborales precarizadas y desreguladas. El repertorio de los
procedimientos de inclusión y exclusión comprende desde el espectáculo
titulado «nueva economía y derechos humanos», que pretende ligar a una
parte del trabajo inmaterial a la dinámica de desarrollo del capitalismo
globalizado, hasta la guerra.

El pensamiento de la liberación de todo dominio se pone de nuevo a
prueba radicalmente contra el orden imperial. Hardt y Negri caracterizan
como Multitud a las fuerzas sociales de la liberación, es decir, como
multiplicidad viva y creativa, que se sustrae a una representación como
pueblo, nación o Estado. Su constitución debe acoplar intelectualidad de
masas y autonomía de la cooperación social. «Imperio» indica como
síntomas de tal constitución las luchas por la libre circulación de las
personas, las iniciativas por una renta universal incondicional y las
estrategias de reapropiación del saber y de la riqueza social o, dicho
de otra manera, el objetivo del repliegue del Imperio en la Multitud. De
lo común.

Traducción: Universidad Nómada www.sindominio.net/unomada


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